Felipe miró el reloj. Dos de la madrugada. Cerró el libro con desesperación. Seguro que mañana sería reprobado. Entre más quería hundirse en la geometría, menos la entendía. Dos fracasos ya, y sin duda iba a perder un año. Sólo un milagro podría salvarlo. Se levantó. ¿Un milagro? ¿Y por qué no? Siempre se había interesado en la magia. Tenia libros. Había encontrado instrucciones sencillísimas para llamar a los demonios y someterlos a su voluntad. Nunca había hecho la prueba. Era el momento, ahora o nunca.
Sacó del estante el mejor libro sobre magia negra. Era fácil. Algunas fórmulas. Ponerse al abrigo de un pentágono. El demonio llega. No puede nada contra uno, y se obtiene lo que se quiera. Probemos.
Movió los muebles hacia la pered, dejando el suelo limpio. Después dibujó sobre el piso, con un crayòn, el pentágono protector. Y después pronunció las palabras cabalísticas. El demonio era horrible de verdad, pero Felipe hizo acopio de valor y se dispuso a dictar su voluntad.
-Siempre he tenido cero en geometría - empezó.
-A quién se lo dices...- contestó el demonio con burla.
Y saltó las líneas para devorar a Felipe, las líneas del hexágono que el muy idiota había dibujado en lugar de un pentágono.
Desconozco el autor


3 Sofocaron las llamas:
Excelente, Marcos.
Un hexágono de 5 lados es tan extraño como una ciudad sin calle 52.
Un gran abrazo.
Gabriel
Fe de erratas: donde dice "hexágono de 5 lados" léase "pentágono de 6 lados"
muy bueno a mi parecer...je, ni hexágono ni pentágono, fue la imaginación quien le hizo acabar así ni siquiera la suya si no la tuya. je
Besos y amor
je
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